Aplicar la filosofía Montessori en casa
Historias de una mamá riquiña

3 claves para aplicar Montessori en casa

La filosofía Montessori seduce a padres y madres en todo el mundo. ¿Quién no querría que sus hijos fuesen autónomos, desarrollasen todo su potencial o un espíritu crítico que les permita evaluar el mundo que les rodea? Sin embargo, pocas son las escuelas que aplican esta metodología y los precios de sus materiales nos puede llevar a pensar que no deja de ser otra moda elitista, otra gallina de los huevos de oro.

Nada más lejos de la realidad; de hecho, Maria Montessori puso en práctica su revolucionaria metodología con grupos de población vulnerables y en riesgo de exclusión social. El éxito fue impredecible en el momento y más de un siglo después sus fundamentos continúan fascinándonos.

Pero si el método Montessori fue diseñado para las escuelas, ¿cómo lo podemos aplicar correctamente en casa?

Un gran salto: de las aulas a nuestros hogares

Creo que no exagero si digo que ningún padre se plantearía replicar el modelo educativo de las escuelas de nuestro país en casa. Y probablemente nuestros hijos querrían matarnos si lo intentásemos. Una de las frases que más escucho como profesora de extraescolares es «este inglés sí que me gusta, no como el del cole». Por mi parte, nada que reprochar a los maestros, el sistema es el que es y bastante hacen.

El método Montessori, sin embargo, ha conseguido dar ese salto. Existen numerosos manuales para aplicar esta filosofía dentro de nuestras casas; la cantidad de cursos online disponibles nos darían para horas y horas de lectura; hasta las tiendas de juguetes nos intentan seducir con preciosos materiales hechos con madera ecológica.

Montessori genera todo eso y mucho más. Es una forma de entender la educación, el papel que juegan los niños en el mundo, una forma de dar amor a través del respeto. A continuación, vamos a detallar las 3 claves para aplicar la filosofía Montessori en casa con éxito.

La vida práctica como fuente de conocimiento

¿Cuántas veces nos hemos preguntado viendo los libros de texto de nuestros hijos para qué sirve todo eso? No es raro encontrarme con alumnos de 7 años que pueden recitar los diferentes ecosistemas del mundo, pero me piden que les ate los cordones. No me malinterpretéis, es importante conocer los ecosistemas, pero lo es aún más que sepan desenvolverse sin la constante mediación de un adulto.

Involucrar a nuestros hijos en las tareas domésticas tiene muchísimos beneficios a corto y largo plazo, como por ejemplo:

  • mejora su autoestima y refuerza su posición dentro de la familia;
  • favorece la autonomía;
  • desarrollan actividades que mejoran la psicomotricidad fina y gruesa.

También tiene sus aspectos negativos: tareas sencillas llevan una cantidad de tiempo a veces incompatible con nuestro ritmo de vida; vasos rotos; agua por el suelo; pequeños-grandes dramas domésticos. La conclusión es clara: los beneficios son para el niño, las dificultades para el adulto.

Este enfoque de la vida práctica deberíamos trasladarlo al momento del juego libre: piezas de ropa un par de tallas más grandes para aprender a vestirse y desvestirse; cucharas de madera para practicar el movimiento hasta la boca; el trasvase de líquidos entre recipientes como preludio para poder servirse un vaso de agua por sí mismos.

Las actividades variarán según la edad de nuestros hijos, por supuesto; la idea es usar el juego como una práctica de las habilidades que necesitan desarrollar según su estado de maduración física y cognitiva.

El ambiente preparado

Sería ridículo esperar que nuestros hijos pongan la mesa antes de comer si no llegan a los platos; o que limpien lo que han ensuciado, si no disponen de un trapo y un poco de agua para hacerlo. Sí, pueden acudir a nosotros, pedirnos que les demos las herramientas que necesitan y que lo hagan por sí mismos; pero esa mediación por parte del adulto es suficiente para desanimar la asimilación de las tareas.

Entender que el niño tiene el mismo estatus dentro la familia que los adultos -si bien no las mismas responsabilidades- implica necesariamente que en todos los espacios de la casa debe haber un área destinada a guardar aquellas herramientas o materiales que le puedan hacer falta. Si vivimos en una casa grande, y nuestras posibilidades económicas nos lo permiten, existen una cantidad de muebles adaptados realmente preciosos; si esta no es nuestra realidad, y la mía no lo es, tendremos que ir capeando la situación con mesas bajas con cajones, taburetes o cajas de almacenamiento apilables.

El espacio o la economía son excusas, hay que perder el miedo a que los niños hagan las cosas por sí mismos.

El rol del adulto: de instructor a guía

Este es el aspecto que más me cuesta aplicar en mi día a día, pero no lo puedo dejar de incluir porque es precisamente donde reside la clave del éxito. La filosofía Montessori parte de la confianza en el niño, en su potencial para aprender todo lo que necesita aprender en el momento que lo necesita aprender. De este modo, los adultos debemos actuar como meros guías: ofrecer las herramientas necesarias para su desarrollo basándonos en la observación de sus gustos, necesidades e intereses.

Mi hija aún no ha cumplido los dos años, pero muestra un gran interés por las letras: juega a que escribe su nombre con un palo en la arena y, al acabar, mira el resultado y sentencia «V-E-R-A», como si efectivamente allí pusiese eso. Es pequeña para aprender a leer, pero es mi deber ofrecerle materiales y actividades que satisfagan esa curiosidad que siente.

Hasta aquí todo bien. Luego, en el día a día, cuando me relajo (o más bien, cuando me pongo nerviosa) me escucho repitiendo frases como «así no, cariño», «vamos a jugar mejor con esto», «eres muy pequeña para…». Si de verdad queremos implementar la filosofía Montessori en casa es preciso ser conscientes de que tenemos que iniciar un proceso de auto-conocimiento y auto-evaluación permanentes.

Nuestros hijos están listos para aprender, para dar la mejor versión de sí mismos, solamente necesitan adultos preparados que les permitan conseguir sus objetivos.

Y colorín, colorado…

Estos son solo 3 de los fundamentos de la filosofía Montessori y cómo podemos aplicarlos a la realidad de nuestros hogares. Si queréis profundizar más en el método, os recomiendo visitar el blog de Cristina Tebar o el de Beatriz Muñoz, la culpable de que yo me empezase a interesar más en profundidad por esta pedagogía tras leer su libro «Montessorízate», recomendable para cualquier madre o padre con ganas de empezar a cambiar su forma de educar.

Y si quieres leer los últimos posts, no olvides darte un paseo por mis Historias de una mamá riquiña

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